lunes, 24 de abril de 2017

Semana del Libro 2017

Bueno, una vez terminada la "semana del libro" por llamarla de alguna forma, comparto con tod@s vosotr@s algunas fotos de los cuatro eventos a los que asistí de jueves a domingo:



Firma de "El sonido del triángulo" en Todoquesos, Villena

Entrega de premios del XXI certamen literario Evaristo Bañón, Caudete





Firma de ejemplares y entrega de rosas en Floristería Gardenia, Caudete


Firma de ejemplares en la caseta de Púlsar Store, Torrevieja

Hasta la próxima folks!





Escribiendo...

Con el texto a continuación gané el XXI Certamen Evaristo Bañón de narrativa:




Era de noche. Como siempre desde que el tiempo se ralentizó, abstrayéndose del Cosmos, sumido en su propia burbuja acrónica, cuántica. Y era de noche porque parecía que la luz al final del túnel no deseaba aparecer. Tres meses en el paro habían hecho estragos en esa rutina que adoraba. Los días pues, los marcaba un reloj distinto al que pudiera llamar estrictamente propio; y eso a veces no importaba nada… pero otras hacía aparecer destellos de desesperanza en sus ojos.
Sentado en el borde de la cama que solía compartir con su esposa, escribía en una libreta de cuadros, grande, con un boli de propaganda de una marca extranjera. Sabía que aquellas líneas, aquellos renglones de letra ilegible por cualquiera que no fuera médico, no llegarían a ninguna parte más allá de su blog; y del sobre donde, pasado el texto a limpio, en formato Word y tamaño de letra doce preferiblemente, los presentaría al enésimo certamen literario.
Suspiró hondamente tras aquella reflexión y se preguntó qué era, qué podía significar, escribir ahora y aquí para él.
Tuvo que remontarse a séptimo de la extinta E.G.B. para distinguir un borroso punto de partida en esa andadura literaria. Alguien dibujaba a su lado y la gata dormitaba sobre la colcha revuelta. No hacía frío y el ruido de la lavadora llegaba sordo desde la galería al otro lado de la ventana. Aquel año, mil novecientos noventa y cuatro, empezó a escribir más allá de lo necesario para aprobar en el cole. Y no había dejado de hacerlo desde entonces.
De la poesía intimista y macabra para salir del acoso escolar al que era sometido; pasando por el verso romántico de la adolescencia y alguna que otra oda a Nietzsche; a las tres novelas publicadas que le ayudaban a pagar la compra en Mercadona de vez en cuando… porque el oficio de novelista en esta España nuestra no daba para más.
“Aquí y ahora” no era “desde entonces”. Aquí era un marzo frío en un Caudete cada vez más vacío. Ahora era un sábado equis sin nada mejor que hacer que presentarse al XXI Certamen Literario Evaristo Bañón. Sabiendo desde antes de empezar que no lo ganaría… porque nunca escribió para ganar, sino para vencerse a sí mismo. Tanto proverbistas como filósofos orientales coincidieron en algo al hablar de la victoria: que es más fuerte el que se enseñorea de sí mismo que de una gran ciudad. Y tenían razón.
Y las letras, cuales hormigas danzarinas en un abismo blanco con cuadritos azules, eran su triunfo sobre su cuerpo y sobre su alma. Sobre su cuerpo porque le obligaba a aquietarse durante un buen rato frente al papel. Sobre su alma porque le hacía volar a mundos infinitos llenos de libertad para expresar todo lo que era capaz de sentir.
La libertad era su vástago de tinta, reviviendo una y otra vez a cada trazo, a cada pensamiento escrito… con cada arruga del papel. Respiró nuevamente para no dejarse llevar por la emoción del momento al parir el aforismo anterior. La pasión podía llevarle a la locura de pretender transformar en poesía un texto narrativo como aquel. Y resultaba que la pasión le había llevado a la locura irrefrenable de escribir lo que verdaderamente pensaba; y tal hecho era más peligroso que una cerilla zambulléndose en un bidón de gasolina.
De repente, y con su gente hablando de deberes escolares a su alrededor, se dio cuenta e cuánto se estaba desviando del tema inicial.
Mirando la  blancura de la pared del dormitorio, rota ésta por dos cuadros japoneses en perfecto feng-shui, continuó relatando la historia de aquella noche que empezaba a antojársele eterna. Pensó en cómo cualquiera podía afirmar que se aburría… si a él, incluso sin trabajar ocho o diez horas según el caso al día, le continuaban faltando éstas para llevar a cabo todo cuanto su imaginación se disponía a diario a perpetrar. Si un simple bolígrafo gratuito y una libreta de menos de dos euros podían convertirse en el entretenimiento perfecto. Y no sólo de la parte ociosa de su mente, sino de todo su ser. Podía volcarse, implosionando como un tarro de partículas pym, en aquella libreta. Podía verter su esencia vital, todo cuanto él significaba desde que fue un deseo materno hasta el preciso instante de escribirlo, en un rectángulo de celulosa. ¿No era maravilloso, grandioso y colosal, reducir la existencia de un hombre, o de muchos si viniera al caso, en un grupo simple de palabras ordenadas? La gramática y el vocabulario eran poderes mágicos, qué digo: divinos, en los dedos y la mente, en la lengua y las líneas, de un simple mortal.
Y qué de la inmortalidad; que no es más que el legado de cuanto pensamos, hicimos o dijimos, voluntariosos en el ejercicio de nuestra inalienable libertad.
“Sólo quiero por riqueza, la belleza sin rival”.
Respiró otra vez. Desde que salía a correr un par de veces por semana para quitarse el estrés que de vez en cuando se apoderaba de sus nervios, supo a ciencia cierta de la importancia del buen respirar. Había ocasiones en la que la novela era un sprint de emociones, un huracán de inspiración anodina que le hacía escribir doscientas páginas en un mes. Pero otras en que la subida, sobre todo cuando ya estaba muy cerca de la entrada a La Toconera, le obligaba a dar pasos cortos y lentos pensando en que durante la bajada de regreso le iría mejor. Y otras, las que más, era hallar el ritmo adecuado, la zona de confort, para llegar a superar su propio récord de distancia en el llano y alcanzar la meta poco a poco.
No era un ave rapaz. No era un depredador nato en busca de presas. No quería que sus ambiciones materiales estuvieran por encima de su carrera espiritual. Y tenía un par de proyectos en la mochila. La noche se alegraría un mes más a pesar de los currículums enviados. La noche sólo era el escenario temporal de su historia personal.
Esperando la llamada de un madrileño. Esperando mayo como si él fuera el agua. Esperando, ejercitando esa paciencia que nunca tuvo en el pasado, a ser la mejor versión de sí mismo.
Amando y siendo amado. Acompañando de una cerveza fría la lasaña de carne. Besando y siendo besado. Cocinando platos nuevos de youtube. Jugando con los niños. Siendo hoy Vengador y mañana Yokai. Levantándose a la hora que le daba la gana y acostándose normalmente tarde. Alabando a Dios por encima de todo; y deseando de corazón hacer bien las cosas de una vez por todas. Siendo él mismo donde quisiera que iba.
Suspirando de nuevo al pensar en todo lo narrado.
…y escribiendo.
Escribiendo.

Miguel Díaz Romero (c) 2017

Nueve de febrero

Poema no premiado en el XXI Certamen Evaristo Bañón:




El nueve de febrero habría sido tu próxima revisión.
Un monstruo impronunciable no te dejó asistir.
Y reza en la carpeta blanca la fecha,
Como esa promesa que sabe que no será cumplida.
Pero que se escribe igual.
No recordaré los días anteriores.
No tu rostro vacío y durmiente
Tras soltar tu último aliento.
Prefiero recordar el nueve de febrero
Que nunca viviste,
Para hacerme un espejismo de tu sombra junto a mí.
Hay mentiras que, de necesarias,
Valen más que cualquier verdad:
Y yo vivo en un mentiroso nueve de febrero
Jugando contigo en una infancia oscura.
O ese en el que te espero en el portal,
Cuando regreses de tus viajes.
Incluso en el que me iba contigo en verano o Navidades.
Para mí todos los días volverán a ser
Nueve de febrero…
Y no hubo día que no lo fuera en realidad.
Amaneceré siempre a tu lado hoy que te has ido.
Mi calendario no se romperá jamás.
Hoy, ayer y siempre,
Será ese nueve de febrero
En la consulta de oncología.
Hoy reluce en mí tu sonrisa.
Hoy arde en mí tu memoria.
Hoy…
Soy tu vivo retrato siguiendo tus huellas rotas.

Miguel Díaz Romero (c) 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Reciclar una camiseta de Marvel

 Wola!

Primero recortas la camiseta que ya no te vas a poner. luego la pegas a un lienzo que no valga por cualquier motivo: yo pegué sólo los bordes con pegamento fuerte Supertite.
 Luego, a pintar:
 Utilicé mis pinturas Citadel para miniaturas y mi pincel de ArmyPainting para lo mismo, pero como ya no pinto minis, pues eso... que las desperecé para la ocasión y afortunadamente tenía los tonos que necesitaba :)














 Por último, con acuarelas Jovi de toda la vida y un pincel grande, decoré los bordes de la camiseta, y colgué el resultado en la pared! 

Espero que os haya gustado la propuesta! 
Sed felices!

Art on bones 17.2: Street Arts





Street Arts


Street Arts es mi segunda obra conceptual grotesque del año...

Espero que os guste folks!

Art on Bones 17.1: Trauma





Trauma

Retomando las artes plásticas, os dejo las fotos de mi primera obra conceptual grotesque del año!
Espero que os guste!

Spot "El sonido del triángulo"

Nuevo spot publicitario para "El sonido del triángulo", compuesto por Angel Sandoval!

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